Soy Licenciado en Turismo egresado en 1994; hice mis
estudios gracias al esfuerzo extraordinario de mi familia y bajo el acuerdo de
que, una vez graduado, yo debía apoyar a mi hermano menor a hacer su propia carrera.
Por fortuna, las oportunidades de trabajo empezaron a llegar aún antes de
concluir mis estudios y debía aprovecharlas porque no tenía tiempo qué perder.
Por aquellos años, en mi comunidad de origen –Malinalco- ocurrió una especie de
‘boom turístico’ y había que reclutar personas que conocieran el fenómeno y que
estuvieran dispuestas a desarrollar capital humano en la región.
Fue así que decidí reinstalarme en mi pueblo después de 8
años fuera, volvía a vivir con mi familia y regresaba con una buena oportunidad
de trabajo: colaborar en la Dirección Municipal de Turismo y dar clases en un
CBT de nueva creación que impartía la carrera de Técnico en Turismo. Ese
panorama me creo un ambiente de mucha estabilidad, podía cumplir con el acuerdo
familiar y mantener cierto desarrollo profesional, y era una combinación muy
interesante para vivir en un poblado pequeño, ir temprano a dar dos horas de
clase y luego irme a la oficina, qué más podía pedir. Mi papel como funcionario
municipal no tuvo proyección; la falta de presupuesto y la falta de voluntad
política para llevar a cabo los proyectos formulados me hicieron renunciar para
dedicarme de lleno a la docencia; mis primeras horas de clase me hicieron
pensar que como Licenciado en Turismo podía ser un buen Profesor.
La labor de enseñar no me resultaba totalmente desconocida
puesto que el plan de estudios de mi licenciatura me dio la oportunidad de
acceder a ciertos temas sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje que, si bien
estaban dirigidos a crear una habilidad en el diseño de programas de
capacitación, me sirvieron de base para hacer mis pininos en la docencia. Desde
mis primeras apariciones en el CBT esa labor de ‘enseñar’ tuvo algo que me
gustó; en esos primeros años me tocó convivir con alumnos que querían comerse
al mundo a mordidas, ellos encontraron en mi a un profesor joven que los
entendía y que traía la energía del recién egresado, me dieron su confianza y
yo atinaba a canalizar de buen modo su entusiasmo, de esa manera sentía que
hacía una labor en beneficio de mi pueblo.
Desde luego, fue necesario ir complementando mi perfil
profesional con temas propios de la educación y eso me ayudó mejorar mi
práctica y a tomarle cariño al hecho de ser docente. Después de varios años en
esto, puedo decir que me siento orgulloso de la labor realizada, creo tener el
respeto de mis compañeros maestros, de mis alumnos y –lo más importante para
mí- de mis ex-alumnos. Muchos que han logrado terminar una carrera
universitaria también han regresado a agradecer la aportación que hicimos
mientras estuvieron en su CBT; es esta mi mayor satisfacción.
¿Insatisfacciones? Significativas no las encuentro, si acaso tendría que mencionar la lentitud con
que un docente progresa desde el punto de vista material. Tengo que decir con mucho
orgullo que he dedicado los mejores años de mi vida a la docencia y no me
arrepiento.

